El dolor, mi gran amigo. El, quien me hace sentir que estoy viva, quien me para ante el precipicio y me dice que aun no es hora de saltar. Sin embargo mi dolor no es único, mi dolor no mata... mi dolor no llega sin avisar.
Mi dolor llega cuando ya no se resiste mas dolor, cuando el pozo ya es lo suficientemente profundo como para no sentir brillar el sol en un claro día de primavera. Llega calmado y sereno, como la muerte sin prisa llega a tomar en sus manos a su próximo amor, llega en la fría soledad de mi habitación cuando mi rostro bañado en lágrimas es solo una mueca de locura y desesperación. El llega envuelto en hojas de acero marcadas en mi piel.
Porque cuando te duele el cuerpo no te duele el alma, cuando provocas tú misma el dolor ya no te da miedo, sino lo recibes con los brazos abiertos.
Es tan tangible... sabes de donde viene, sabes porque duele, y tu mente vuelve del infierno para concentrarse solo en ese mínimo lugar... y ya no existe nada, solamente el dolor... mi amigo el dolor.
